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César Clavijo: “En una crónica hasta la forma de comer de un personaje puede ser importante”

Entrevistamos al periodista paiteño César Clavijo Arraiza a propósito de Tercera persona (segunda publicación del autor), un conjunto de crónicas que abarca más de 10 años de lo que el autor denomina “periodismo literario de corto aliento”. Crónicas y perfiles trabajados en días comunes para todo periodista, días en que aligerar cualquier exceso o redundancia, así como acelerar la redacción y coger al tiempo por las astas, son pan de cada día.
Tercera persona explora la música a través de criollos y salseros, el éxito y las tragedias de gente exitosa o en ruinas, además de crónicas sobre fútbol o arte, así como otras crónicas en Colombia o Argentina, en las cuales el lector entrará en un paneo particular y verá en qué nos diferenciamos o asemejamos a ellos. En suma, crónicas de toda una década como reportero caminante. Todas aquellas en un formato que, según el autor, “es un género mirado con desdén porque hay muchos periodistas que han huido de los periódicos para publicar en medios que les dan más espacio”. César Clavijo defiende el periodismo literario «de corto aliento»: “Irse es válido, pero quedarse en un periódico también”.

¿Cómo se exprimen diez años de experiencia hasta obtener un jugo de veintidós crónicas?
– Toda selección es arbitraria. Y son 10 años de trabajo. Pero mi tarea y mi función en La industria cambió con el tiempo, porque yo era un redactor de calle. Todos los días salía a la calle, buscaba noticias y las publicaba en el diario. Entonces era mi momento de felicidad porque eso es lo que me gusta, salir a reportear, a buscar lo que hay que decir. Pero el 2009 yo asumí la jefatura de informaciones, entonces ya no era mi trabajo reportear.

Te convertiste en un periodista de oficina.
– Sí, un trabajo más involucrado con la edición, pero de todas maneras buscaba un espacio para escribir. El libro tiene 22 historias, quedaron muchas afuera, pero yo he intentado seleccionar las que reúnen las características del periodismo literario y que también respondan a una temática. La selección final fue hecha por el editor Ricardo Vera Leyva. Hay que someterse al editor.

En la primera parte del libro (Criaturas musicales) visibilizas algo que no se sabía de Trujillo, que allí la salsa está fuerte.
– La salsa vive una segunda juventud. Todo el norte es cumbiambero, porque también fue parte de una movida fuerte, de una explosión cumbiambera, pero en Trujillo, cuando la cumbia era la música hegemónica, la salsa llegó como una respuesta casi underground, si se quiere.  Los salseros en Trujillo empezaron a reunirse los domingos y hacían sus famosos Social Club. Pasaron meses y seguían siendo haciendo eventos, pasaron los años y ahora hay decenas de academias de salsa y bachata en Trujillo. En Trujillo hacen fiestas mucho más grandes que antes. Latin Soul, la banda que dirigía Lucho Muñoz y sobre la que escribo, toca salsa fusión, pero los músicos de Latin Soul experimentan con criterio porque son músicos de verdad, tienen formación como músicos. La gente puede oírlos en YouTube. Todo movimiento musical tiene un soundtrack, y la banda sonora de este movimiento salsero en Trujillo fue Latin Soul, una orquesta de virtuosos.

Todo eso estaba flotando y era necesario escribirlo…
– Por eso el periodismo es importante: para registrar y documentar. Eso también es el periodismo, contar la historia del día a día. Por ejemplo, yendo a otro género, creo que también se debe documentar el movimiento de baile urbano. Yo creo que los movimientos así pasan desapercibidos muchas veces, no se documenta nada sobre ellos, pero son materiales perfectamente periodísticos.

Luego, en la segunda parte (Mil oficios) hay un conjunto de personajes distintos entre sí como un guardaespaldas, un taxista o una comerciante de sombreros…
– En periodismo hay de todo. Hay cosas con las que uno se tropieza, otras que te las cuentan… Hay de todo. El guardaespaldas que está en el libro, Stalin Galán, llegó al periódico y nos dijo que lo apoyáramos haciendo una nota de un evento. Ahí lo conocí, en un taller gratuito de defensa personal. Pasó el tiempo y él nunca perdió el contacto conmigo. Y yo veía que el tipo iba creciendo, un entusiasta a prueba de balas, mientras yo atestiguaba sus sueños. Él me decía “César, yo voy a ir algún día a entrenar gente a Europa”, y de repente él empezó a irse a Lima, a Colombia, a México… En un momento apareció en Europa, y yo decía: “Este señor es un ejemplo”. Lo mismo con el taxista más culto de Trujillo, que más parece profesor de etiqueta y lengua o la comerciante de sombreros que tiene uno de los negocios más antiguos en la ciudad de Trujillo. En ese sentido un periodista también puede ser testigo de éxitos personales.

En la crónica del exalcalde de Laredo, ese hombre amenazado de muerte que caminaba sin resguardo policial por las calles de la ciudad, entras a la municipalidad y describes las paredes despintadas del municipio y unos adornos navideños que se han olvidado de retirar. Esa imagen de descuido, de indiferencia, ¿será posible en una nota común?
– La crónica es una actitud, como dijo un cronista argentino, entonces no es lo mismo reportear para una nota que reportear para una crónica. Si yo voy dispuesto a hacer una crónica para tratar de registrar todo lo que, para la crónica, desde que uno va, a veces no es solo importante lo que dicen, sino también lo que está antes de iniciar la conversación y todo lo que rodea a esa conversación. Y hay que tener en cuenta todo si vas a ver a un entrevistado, apuntar sus tonos, sus formas, cómo te saluda, cómo estuvo vestido, a quién se parece. A veces, el simple hecho de cómo el personaje come ya es importante, porque cuando uno come se suelta, entonces puedes preguntarle algo que le incomoda y si no te responde, le preguntas algo que le interese, luego regresas a la pregunta incómoda, y así te vas metiendo y así vas dibujando al personaje y a la noticia hecha crónica.

En esa inmersión, ¿hay que tener cuidado en no convertir a una crónica en una memoria personal?
– Yo tengo alumnos que escriben muy bien, pero se olvidan que una crónica es siempre una noticia. Yo escribí varias cosas en la crónica del exalcalde, pero nunca olvidé que él estaba siendo amenazado de muerte, un alcalde que no tenía garantías, que caminaba por las calles sin resguardo, y no olvidé que esa era la noticia. Escribir bien es el treinta por ciento de lo que es escribir una crónica; el setenta por ciento de una crónica es reporterismo, es búsqueda. Como dice Villanueva Chang: “Esto tiene más de mendigo que de príncipe”. El trabajo fuerte es que te cancelen citas, que no te reciban, verificar si lo que te dijeron es verdad, contrastar fuentes… Lo otro es contarlo bien.

Cuentas a Trujillo y al Perú través de los contrastes que hay entre los ciudadanos de a pie: empiezas con una reconocida orquesta de salsa, una exitosa bailarina de marinera y terminas con un ciego que conoce la ciudad más que los mismos trujillanos, un hombre que perdió a su padre a cusa del Fenómeno el Niño en el 98, un soldado en retiro que padece de Parkinson, hepatitis y diabetes…
Es que la crónica también tiene un aire de ensayo, la crónica no es reproducción diálogos ni imágenes. Una crónica así es una crónica fallida. Se trata de que el periodismo narrativo tiene que trabajar ideas, trabajar la idea del acontecimiento, porque los acontecimientos son ideas, y trabajar la información que explique un acontecimiento. Si nos quedamos en una metaforita, en una figura retórica, eso es un embrión. Si vas en la búsqueda de un acontecimiento, debes estar preparado para contar tragedias y comedias que puedes hallar en cualquier lugar.

¿Qué ha cambiado en Trujillo?
– Como periodistas tenemos la oportunidad de estar cerca de la cosa pública y, en ese sentido, diría que sus políticos han sido su mayor defecto. Trujillo tuvo un partido enraizado como el Apra, que fue como un callo en la historia política de Trujillo, y de repente viene otro partido a quitarle el poder, Alianza Para el Progreso. Eso fue el mayor mérito de APP: quitarle la posta al Apra. Después APP vivió la bonanza económica del canon minero y, en el buen momento económico del país, tuvieron la oportunidad de cambiar Trujillo, pero lo único que hacen es jactarse del bypass [del óvalo Mansiche] y hacen esas cosas porque se pueden tomar fotos con eso, con el cemento. Sin embargo, a pesar de todo eso, a pesar de los malos gobernantes, de ser un centro representativo del sicariato en el país, en Trujillo se respira historia y Trujillo sigue siendo una ciudad hermosa para vivir, hermosa realmente.

César Clavijo Arraiza (Paita, 1978)

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Escrito por Renato Mendoza Franco

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