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Lis Rojas Loyola: «Quise canalizar toda mi tragedia en este libro».

Entrevistamos a Lis Rojas Loyola la autora del libro Va a anochecer, un libro al que ningún lector le será indiferente.
Lis narra la tragedia que vivió el 27 de julio del 2010: su hijo Bruno, paseando en el centro de Lima junto a su madre y una amiga suya, aturdido por el creciente ruido de la ciudad, escapó de la Plaza de Armas y corrió desesperadamente dejando tras de sí a Lis y a su amiga. Aunque la búsqueda fue intensa, no pudieron hallarlo vivo: al escapar, Bruno había corrido tanto que llegó hasta el distrito de Santa Clara, al límite de unos rieles en donde se encontró indefenso ante un tren de carga.  
Luego de esta desgracia, ella buscará justicia para que a los culpables se les inflija el castigo que merecen por la muerte de su hijo. Esta justicia aún no ha llegado, y en ese camino la acompañará el lector de esta novela.

“A veces, mi mente se confunde y, por breves instantes, pienso que despertaré una mañana para ir al cuarto de Brunito a darle los buenos días. Que lo miraré desde la puerta y le diré: “¿Qué haces?” y los dos sonreiremos, cómplices. Nada de esto volverá a suceder, ya nunca más le daré un beso ni le daré la lonchera para ir al colegio. Mi hijo está muerto”.

Página 20

– ¿Por qué decidiste escribir este libro?
– Yo escribí este libro para cerrar mi duelo. Quise canalizar toda mi tragedia en este libro. Escribirlo para no volver a hablar sobre ella, cosa que la psicóloga me había prohibido hacer. Quería que la gente conozca mi versión sobre los hechos y la realidad del autismo y los desaparecidos. En el Perú hay trata de menores y hay miles de desaparecidos anualmente. Algunos nunca aparecen y a veces algunas madres esperan más de 15 años la aparición de sus hijos.          
También quería inspirar a la gente a que no se deje maltratar por las autoridades, que no se deje absorber por el monstruoso sistema judicial. Y también escribí este libro porque ocurrieron algunos sucesos inexplicables que para mí solo pueden ser obra de Dios. Soy una persona católica. La fe y la esperanza me fortalecieron en esta lucha.

“Quería hacer un hueco en el aire y salir de esa realidad. Seguí corriendo, corría y corría sin parar. Pasé varios pabellones, y seguía. La prensa corría detrás de mí. Pero yo no me detenía. Buscaba un pozo hondo donde gritar hasta perder las fuerzas, una salida por dónde escapar. Esto no está pasando, me decía furiosa, no puede estar pasando”.

Página 124

– A propósito de la Ley Brunito (2011-2018), la ley que visibilizaba y atendía la realidad de los niños, adolescentes, adultos mayores y discapacitados desaparecidos, ¿cuál es la realidad de la desaparición de las poblaciones vulnerables?
– En el 2018 la ley Brunito fue derogada (un mes después de comenzar la vigencia del reglamento de la ley) y se creó el Decreto Legislativo N.° 1428, que amplió el ámbito del colectivo al que iba a proteger la norma, agregando a mujeres maltratadas como colectivo vulnerable, cosa con la que yo discordaba, porque no se puede comparar a un niño con una mujer. Un menor de edad no puede tomar un taxi y presentar una denuncia; una mujer, sí.        
En este decreto legislativo hay varios ministerios involucrados, pero, cuando desaparece un menor de edad, solo aparecen el Ministerio de la Mujer, la Fiscalía y nadie más.   
Por otro lado, los policías no saben que según ese decreto legislativo no se debe esperar 24 horas para buscar a un desaparecido. La búsqueda inmediata es obligatoria. Hay mucha desinformación en las comisarías de todo el país.   
Yo diría que ha habido un cambio positivo realmente desde la sociedad civil. La sociedad civil se ha unido. Antes que la policía, las asociaciones de autismo y discapacidad han encontrado a niños o adolescentes con autismo desaparecidos.          

Lis Rojas presentando su libro en la Municipalidad de Pueblo Libre (2019)

– Más allá del apoyo de tu familia y amigos, ¿quiénes te apoyaron en tu búsqueda de justicia?
– Después de que Bruno falleció, el mayor apoyo lo obtuve de la sociedad civil, de los colectivos de personas con discapacidad y autismo del Perú. Ellos me apoyaron en la recolección de firmas para la Ley Brunito.          
Para recolectar las firmas yo visitaba farmacias, tiendas, mercados y eran muy pocos los que aceptaban firmar para apoyar esta causa. Hasta pensaban que era una recolección de firmas con fines políticos. Prácticamente nadie sabía qué era el autismo ni de la necesidad de proteger a las personas con discapacidad. Había una indiferencia total.  
Por su parte, el Ministerio Público y el Poder Judicial siempre han sido pésimos en mi caso. En el Ministerio Público, sobre todo, hubo una gran desidia.

– ¿En qué estado se encuentra el proceso contra los responsables?
– Actualmente el proceso se encuentra en el Juzgado de Sentencias Supranacionales. El juez ya ordenó el pago de la indemnización. Pero hay mucho retraso, porque yo gané el juicio el 2017, pero las empresas demandadas han dilatado el proceso con las apelaciones y sus recursos de casación y en realidad nunca han querido asumir su responsabilidad en la muerte de mi hijo. Bruno murió hace diez años y este proceso aún no acaba.

– Llamó mi atención un pasaje en donde hablas con tu psicóloga, alguien que te felicitaba por lo que habías logrado en la búsqueda de justicia pero que también te pedía dejar de luchar, como si dejar de luchar fuera también parte de un tratamiento.
– A veces la relación entre psicóloga y paciente se convierte en una amistad. A veces los pacientes llegamos a pasar cierto límite, y entonces nos hacemos amigos de las psicólogas.
La psicóloga me decía: “Ya pasaron ocho años”, y yo me veía mal por todo lo que estaba pasando. No comía ni dormía bien, pero (la justicia) era lo que yo quería. Ella quería que yo culmine mi duelo, pero esa culminación no llegaba porque no llegaba la justicia. Mi psicóloga era una peruana más que no creía en la justicia en nuestro país. Así como ella, mi familia buscaba que deje el juicio porque tratar de encontrar justicia se convirtió para mí en un círculo vicioso.

“¿Te digo un secreto?, desde que te fuiste llevo dos vidas paralelas: una contigo y una sin ti. No es que no quiera dejarte en paz, es que a veces siento que estás al costado de mí, aunque no te pueda ver”.

Página 129

– “Lo único que tengo que hacer es sublimar mi paciencia”, le dices a Bruno en un pasaje. ¿Qué significa esto?
– Significaba canalizar la impaciencia que sentía por la justicia que no llegaba. Significa cultivar la paciencia porque requerí de muchísima paciencia estando en ese proceso. Mi impaciencia tuve que canalizarla hacia la sociedad ayudándola. Dar mi máxima paciencia para lograr la victoria. Se trata de llegar a la perfecta paciencia, a la paz absoluta. En mi caso significó transformar la ansiedad y la impaciencia en ayuda social, en ayuda al prójimo.

Lis y Bruno en el Día de La Madre (2009)

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Escrito por Renato Mendoza Franco

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